CARLOS MORAGO Madrid 1954. Académico correspondiente a la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.

Exposiciones Individuales

Año

Exposición

2006

Galería Estela Docal. Santander

2006

Galería J.M. Lumbreras. Bilbao

2006

Galería Haurie. Sevilla

2005

Galería Juan Amiano. Pamplona

2005

Galería Visconti. París

2005

Galería Ansorena. Madrid

2004

Galería Haurie. Sevilla

2004

Galería Visconti. París

2004

Galería Clerigos. Lugo

2003

Galería Susany, Vic. Barcelona

2003

Galería Juan Amiano. Pamplona

2003

Galería Van Dyck, Gijón

2002

Galería Ansorena. Madrid

2002

Galería Estela Docal. Santander

2001

Galería J.M. Lumbreras. Bilbao

2001

Galería Haurie. Sevilla

2000

Galería Pedro Torres. Logroño

2000

Galería Ansorena. Madrid

2000

Galería Nolde, Navacerrada. Madrid

1999

Galería J.M. Lumbreras. Bilbao

1998

Galería Arcady Calzada, Olot. Gerona

1997

Galería Susany, Vic. Barcelona

1996

Lineart, Gante. Holanda

1996

Galería Kreysler. Barcelona

 

Carlos Morago

 

Exposiciones Colectivas

Año

Exposición

2006

Arte Sevilla, Galería Haurie

2005

Art Miami, Galería Ansorena. Madrid

2004

Galería de Arte Tomenaga. París

2003

Art Sevilla, Galería Haurie

2003

Feria de Arte Contemporáneo de Estrasburgo, Galería Susany

2002

Juan Amiano, Realismos, Pamplona

2002

Galería Visconti, París

2002

Galería Haurie, Sevilla

2002

Galería Brulé, Estrasburgo

2002

Galería Maria Aguilar, Cadiz

2002

“En torno al Bodegón”, Galería Alfama, Madrid

2002

Feria de Arte Contemporáneo de Estrasburgo, Galería Susany

2001

“Cita con el dibujo” Galería Alfama, Madrid

2001

Porto Art, Galería Haurie

2001

Artexpo, Galería Susany, Barcelona

2000

“Cita con el dibujo” Galería Alfama, Madrid

2000

Artexpo, Galería Susany, Barcelona

2000

Arte Sevilla, Galería Haurie

1999

Paisajes Humanos, paisajes urbanos, AT kearney, Madrid

1998

“Ocho realidades”, Sala Imagen, Sevilla

1998

“De tal palo tal astilla”, Galería Alfama, Madrid

1998

“Ocho realidades”, Casa de Vacas, Madrid

1997

Lineart Bruselas, Galería Nolde

1997

Arte Santander, Galería Haurie

1997

“Realismos”, Galería Ansorena, Madrid

1996

“Cita con el dibujo”, Galería Alfama, Madrid

1996

Lineart Bruselas, Galería Nolde

1996

Artexpo, Galería Susany, Barcelona

1996

“Paisajes”, Galería Ansorena, Madrid

1996

“Espacios para el dialogo” Galería Torres, Bilbao

Premios

Año

Premio

2010 Medalla de oro en la 71 Exposición Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas

2002

1º Premio “Viñas de Tomelloso”, Tomelloso, Ciudad Real

2002

2º Premio Ciudad de Tudela

1996

Pámpana de Plata, Valdepeñas

1994

1º Premio Penagas de dibujo

1991

Medalla de Honor, Premio BMW

1990

Medalla de Honor, Premio BMW

1984

1º Premio Villa de Cedeira

1980

Accésit Circulo 2

1977

Premio Sala Macarrón

1977

3º Medalla Salón de Otoño

 

El Orden En La Pintura de Carlos Morago

En el caballete hay un cuadro de gran tamaño, la perspectiva central de un parque, tema este al que es muy aficionado el pinto y semejante a los que, hace unos años, propiciaron el primer contacto de este cronista con su pintura. Probablemente, cuando el espectador lo contemple, ya habrán desaparecido muchas de las cosas que ahora veo en ese cuadro: la circunferencia que tiene su centro en la fuente, las numerosas líneas de fuga que, partiendo de ese foco, delimitan los setos y las sombras, los puntos de referencia… Y Morago aún antes de arribar a esa perspectiva, ya había trabajado sobre varias fotografías, retocándolas en un ordenador, elaborando collages y mezclas y buscando en las imágenes esas líneas maestras, esas medidas que, pese a no ser más que la osamenta del cuadro, me parecen el argumento último de su pintura .

Creo que Carlos Morago sólo pinta aquello que puede comprender, y eso significa aprender y, en pintura, es medir de un modo u otro. Pero ¿realmente puede comprenderse un árbol?, ¿puede medirse lo que hay en un bosque? Probablemente no, afortunadamente, el problema no es exactamente ese.

Obviamente, uno puede decir que los jardines racionalistas y los austeros interiores de Carlos Morago infunden calma y sosiego porque son lugares vacíos, tranquilos y acogedores, sin necesidad de añadir que la vacuidad es de hecho presencia atronadora del orden, que la tranquilidad es solo ausencia de desorden y que estos escenarios son acogedores porque el orden infunde confianza. Mas eso no sería describir una pintura, sino disfrutar de ella, momento que llegará tan pronto el espectador levante la vista de estas letras. Lo innegable es que Morago no es un pintor realista, sino un artista anclado en un concepto definido que, en aras de un ideal filosófico modela en nativo metafísico que selecciona determinadas anécdotas al tiempo que borra o difumina el resto. El resultado son visiones de una equilibrada composición que tienden a lo anestesiado, a lo neutro, lo que, sin duda, parecerá bello a algunos pero que no deja de evocar la romántica e idealista vista del fantasma de un pasado inexistente”.

Cuando vi por primera vez estos parques de Carlos Morago, reparé en la muy peculiar forma de traducción a formas computables de cada uno de los elementos que los componen: árboles y setos, cielos y praderas, se nos aparecen como un característico entramado de líneas yuxtapuestas y ordenadas que surgen mágicamente del personal dialogo que mantiene el artista con la materia. Esta tendencia del pintor a la esquematización, cada vez más precisa, del natural, se ha agudizado con el paso del tiempo y mediados los 90 empiezan a aparecer unos llamativos muros que son fundamentales para explicar para explicar su obra actual. El pintor confesaba entonces:”Mi evolución tiene en las tapias su objetivo primero. Creo que acabare dedicando mis esfuerzos a lo abstracto que se vislumbra en ellas”. Y efectivamente, esas paredes vacías fueron ganando protagonismo gradualmente, siendo los interiores blancos las obras mas celebradas de su exposición en Ansorena en el año 2000. Tanto en los temas de pasillos como en los de estanterías darse más una adecuación del motivo a unos esquemas geométricos previos, ideales-e inventados-que una búsqueda de orden en el natural (probablemente las nuevas posibilidades de manipulación de la fotografía que el ordenador ofrece no sean ajenas a este fenómeno: gracias a los programas de tratamiento de imagen, es posible componer una imagen fundiendo otras varias y manipulando sus componentes de forma más eficaz). Aquí, el esquema parece haberse convertido en el punto de partida de la pintura más que en el de llegada o, dicho de otro modo, existe antes que el motivo representado. Esta es una postura típicamente renacentista-“ no puede negarse que aquí se hace uso del derecho a someter al mundo aparente a un canon formal determinado para ennoblecerlo, para transformar la copia del natural en una belleza artística”, dice Hoffmann al comentar la obra de Bronzino-, pero evidentemente se da también en todo el arte antiguo y, desde luego, en muchas manifestaciones artísticas contemporáneas . Por tanto, si Morago ya intuía hace unos años que en esos espacios planos y vacíos que tan extraña fascinación ejercían sobre él etaba el futuro de su pintura y que esta, sin llegar a despojase del todo de las referencias figurativas, tendencia a manifestar con más claridad cuanto de abstracto hay en sus componentes formales, podemos hoy decir que efectivamente, los pasillos que aquí vemos se hallan muy próximos a lo que entendemos por una abstracción geométrica: es en la distribución de los diferentes rectángulos –paredes, puertas y suelos- sobre el plano donde se concentra el interés del cuadro –y el del pintor- y el nombre que les demos a tales figuras no tiene ya la menor importancia; en gran medida lo figurativo es una anécdota un pretexto para ese juego con el color y la materia al que no quiere renunciar el artista .

Esto es particularmente evidente en sus cuadros de estanterías, que son su obra última: tras el sencillo mueble compuesto él también de figuras geométricas elementales pero aderezado con esas pequeñas manchas e imperfecciones que hacen de él un objeto “real”-, vemos una pared formada por extraños planos que evidentemente no forman parte de la arquitectura de la habitación- pues no se extienden hasta el suelo y se interrumpen de forma inexplicable- ni hacen referencia a objeto concreto alguno. Estas construcciones son formas creadas por el artista y no están ahí para equilibrar la composición, sino que son el argumento de una pintura que hoy quiere revelar todo aquello que antes ocultaba, esa osamenta que el cronista vio en el cuadro inacabado y que es, a fin de cuentas, la máxima expresión del orden.

Carlos Morago
"Claustro" 30 x 30 cms

 

Javier Rubio Nomblot

http://www.artvisconti.com/art_morago.html

http://galeriahaurie.com

http://www.ansorena.com/anteriores1.asp?Id=39 

 

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